Rayos de sol, los últimos rayos que iluminaron el día en el que decidí empezar a escribir una historia, pintar una vida sobre una hoja, darle color a todos los colores.
El verano estaba acechando la ventana, el calor empezaba a calentar la habitación, el cuerpo... Era un sol de atardecer, el sol que siempre ha estado ahí, cada día iluminándolo todo, pero inalcanzable. Sabían que nunca estarían juntos. La luna y el sol. Se miran siempre desde lejos, cruzan reflejos, dan vida al mundo, pero son inalcanzables, lo único que les mantiene vivos es la esperanza que fluye con su reflejo con su luz creando sombras que vagarán siempre por el mundo en busca de ese sol, en busca de esa luna.
Yo soy una sombra. Sentada junto a una pila de libros pensando en estudiar, pensando en que hacer con mi vida… Ilusionándome con fantásticas experiencias con las que sueño que algún día viviré y hacen que cada tarde de rutina mi vida este completa y llena de felicidad. Pero días como hoy, son aquellos en los que uno se para a pensar, ¿y si no lo consigo?, ¿y si mis sueños no son más que un borrador escrito en el libro de mi imaginación? Quiero vagar entre las demás sombras y recorrer el mundo hasta rodearlo y vuelta a empezar. Como el universo, todo esta continuamente girando, quiero poder marearme dentro de este mundo que gira, conocer nuevas ilusiones, conocer los secretos que caminan por la línea del horizonte, aquellos inalcanzables.
¿Son los rayos de sol, los únicos que cuando el sol se oculta pueden acariciar el horizonte y desvelar esos secretos? ¿Fueron ellos los que llamaron a mi ventana durante el atardecer mostrándome un viaje por todo un mundo?, ¿Un viaje real más que un borrador escrito en mi imaginación?
Siempre fui tan silenciosa, tan observadora, nadie lo sabía pero yo siempre estaba ahí en la esquina, mirándolo todo, guardando cada pequeño detalle, cada movimiento, contando cada gota de lluvia, escuchando cada palabra y sintiendo cada minuto recorrer mi cuerpo, dejando que todo me hiciera temblar. Ahí estaba yo, en silencio.
Siempre fui la niña extraña, la niña tímida, la niña que nunca hablaba. La niña pecosa de ojos grises como un día de lluvia triste. La niña con la que nadie quería hablar porque sabían que no tenía conversación, me veían aburrida y reservada. Podían sentir mis nervios cuando intentaban cruzar una palabra, así que preferían evitarlo. Y yo también. Pero esto me ayudo a aprender, me ayudó a verlo todo siempre desde fuera, me acostumbré a los pequeños detalles, aprendí a leer los gestos, a leer las miradas, a indagar en los pensamientos de las sombras. Y así me descubrí, descubrí que yo era alguien, que yo vivía dentro de todas aquellas personas que tanto observaba, aunque no pudiera verme desde fuera, podía hacer mucho más, algo más valioso que tan solo mirar. Podía sentirme, podía ser libre. Decidí abrirme y ser dueña de mi misma. Si existía el destino y mi destino estaba en este mundo decidí tener valor y vagar por él, dejarme llevar por sus señales, en busca de ese lugar aún por descubrir. Investigar un mundo nuevo en este mismo que ya todos conocen, y presentarle el mundo que vive en mi interior.
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